(Foto: Cortesía @astridsp79)
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La serie de regulaciones de precios y fiscalizaciones que el gobierno está realizando en el marco de una supuesta “ofensiva económica” no están más que ofendiendo el bolsillo de los venezolanos y desatando una economía paralela.

Ya las consecuencias se están generando en todas las áreas donde ha querido intervenir, pero el sector automotriz está sufriendo los embates de unas medidas improvisadas que sólo están beneficiando a quienes forman tienda aparte y venden los vehículos a precios que sobrepasan la capacidad de asombro.

El venezolano común, el que tiene aspiraciones en la vida, como la de tener, al menos un carro, ha visto evaporizado su sueño porque no hay posibilidades de conseguirlo en concesionario alguno, como había sido siempre, como debería ser.

Ahora hay que enfrentarse a las mafias que han surgido porque el gobierno ha              querido controlar precios de una mercancía que no existe. No le otorgan dólares a las ensambladoras y con ello reducen las posibilidades de construir vehículos suficientes para satisfacer la demanda.

Es que es tan grave la situación que hasta las motos, la opción considerada más económica y más útil en tiempos de tráfico congestionado, se están desapareciendo y apareciendo en un mercado paralelo que no es sancionado, a pesar de que se conoce su existencia.

Hay motos que se están vendiendo al precio de lo que costaba un carro hace unos años y eso no tiene sentido. Cómo el gobierno no puede darse cuenta de que ninguna de sus medidas económicas está funcionando porque no puede haber “precios justos” para una mercancía que saben que no existe.

Da pena ver los concesionarios vacíos, porque ni los privados ni los del gobierno tienen mercancía que ofrecer a los compradores. Las listas se prestaron para generar corrupción y hacer millonarios a los usureros, porque hay quienes ceden a la necesidad y caen en las trampas.

Se cree que se está actuando contra las empresas, pero en realidad se está perjudicando al ciudadano, a todos nosotros y en consecuencia a quienes pueden proveer la mercancía que necesitamos.

Las compañías del sector automotriz no han hecho más que intentar adaptarse a los lineamientos que exige el Ejecutivo, pero ningún intento puede ser positivo si no se le entregan las herramientas necesarias para que todos ganemos.

No es posible que en nuestras narices se vendan carros o motos con un precio tres veces por encima del valor correcto y no se haga nada. ¿Cuántos pueden hacerlo? Creo que sólo los enchufados, porque son pocos los que pueden tener capacidad de ahorro ante esta crisis que vivimos.

No se puede jugar a perjudicar al sector automotriz por una política de Estado de ir en contra de la empresa privada. Son empleos que están en juego y necesidades que deben buscar paliarse con la elaboración de vehículos. No puede ser que este gobierno nos haya quitado hasta la posibilidad de aspirar tener un carro porque no es capaz de asumir los errores que está cometiendo.

Astrid Silvestri @astridsp79

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