Vuelve el Gobierno por sus fueros. Negado a contrarrestar la realidad, y aferrado como un náufrago enloquecido al madero de un barco que ha sido destruido en altamar, opta por hacer como que si aquí nada ha pasado. Es querer rezar sin animas y santos a los cuales acudir, en el entendido –siempre equivocado- que este país (o lo que queda de él) es de ellos, y los demás somos inquilinos que tienen la cuota de arrendamiento vencida.

El gobierno se acabó. Puede que alguien, -suele suceder-, los anime a aturdirse con el ruido tumultuario de sus propios aplausos, pero ya no emocionan al país que los ha dejado solos. Su única tabla, ya no puede salvarles, pues está en un bote esperando su fatal desenlace: La Mesa de la Unidad Democrática.

El mensaje del país, tiene dos destinatarios.

Al Gobierno se le ha dicho: “Adiós”, así a secas y sin más premisas. Y a la vieja oposición, -esa que pretende poner a Aveledo, como quien pone un muerto en la sala, y le prepara con formol, y esencias para disimular los menesteres propios del cadáver-, le ha dicho que a ellos no le seguirán jamás. Que se vayan ambos.

Que se vayan todos.

El país quiere cambiar esto sin traumas. Pero, cambiar. Maduro es el problema, conjuntamente con su modelo del hambre.

Por eso hay que pactar la construcción de elecciones libres. Pero antes hay que comer.

En la Sadel, el pasado 23 de mayo, Prociudadanos presentó las líneas de un pacto. Él se inicia con un acuerdo económico, de medidas liberales. Estamos dispuestos a votar y apoyar medidas anunciadas por el Gobierno, que desregularicen la economía y liberen el dólar. Estamos dispuesto a votar medidas como estas, aún cuando nos vaya mal a nosotros, pero le vaya bien al país.

Sin este paso previo y necesario, no se puede avanzar en nada, salvo en el Golpe Militar que ya se cocina en un ala del chavismo militar contra el actual Gobierno. Lo que digo, lo digo sin temores.

Aún hay tiempo de detener la aventura militar, pero el mayor peso está en manos del régimen actual.

El Pacto de la Moncloa, auspiciado por el gran presidente Adolfo Suarez, que por cierto, se gestó en parte en reuniones en La Guzmanía de Macuto, y que se inspiró en el Pacto de Punto Fijo, no empezó con elecciones. Tampoco con olvido. Tampoco con discursos. Empezó con un acuerdo económico con medidas semi liberales para detener la inflación, que mataba de hambre a España, y que llegaba a 29 %.

En Venezuela el asunto va por 13 mil %. Aquello debería provocar que eso que llaman Asamblea Nacional se declarara en emergencia hasta lograr dicho pacto. Pero, esa AN, también murió. La semana pasada la voz de nuestro diputado Kerry chocaba contra las paredes de un hemiciclo, que discute honores, y resoluciones, en un país donde no hay comida. La magnitud de la tragedia de Venezuela es muy grande, pero la imposibilidad de la clase política para diagnosticarla y darle respuesta es peor.

En los últimos días me ha tocado hablar con representantes del Gobierno en privado. Les he manifestado que, sino pactan una salida económica que incluya liberar la economía, no se puede hablar de nada. Siento en el Gobierno, una enorme prepotencia, nos siguen viendo como incestos. Creen que somos unos románticos soñadores. Sí somos unos soñadores, pero nos tomamos muy en serio nuestros sueños.

El país urge ese pacto económico, la disolución de esta Asamblea del terror, que llaman ANC. Aunado a eso pactar unas nuevas elecciones con la garantía de una ley de Justicia Transicional, como garantía al chavismo, y esa nueva AN con la ley proclamada de Justicia Transicional que impedirá perseguir al chavismo, deberá hacer una enmienda y convocar nuevas elecciones presidenciales con la vigilancia internacional de EEUU.

Nosotros seguiremos por el país, enamorando a los más pobres, -de ahí venimos, por cierto, y lo que provoca el desprecio y sospecha de los medios al servicio de los partidos tradicionales-. Vamos a Gobernar Venezuela, para cambiarla, y para que los políticos le sirvan a la gente, y no para que se sirvan de la gente. Dios nos de la victoria.

Leocenis García
Coordinador Nacional de Prociudadanos

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